Colección de artículos

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Más que un deporte

El baloncesto, como cualquier otra disciplina deportiva, es mucho más que una actividad física que ayuda a mantener en buen estado nuestra salud. Practicar este deporte significa también divertirse, desarrollarse, sentirse parte de un equipo, aprender, acertar y errar, sacrificarse, confiar, comprometerse, pero sobre todo compartir experiencias. Todo lo que hagamos hoy formará parte imborrable de tu vida, para bien o para mal. Las decisiones que tomes hoy, se sumarán a las de mañana y así, casi sin darte cuenta, irán formando tu destino. Al final y al cabo esto de vivir va de eso, de tomar decisiones.

Esas experiencias que brinda el deporte no entiende de categorías, le da igual que seas el mejor o el peor, que seas rápido o lento, o como en el caso de Jason McElwain, que desde tu nacimiento te diagnostiquen autismo. Si no lo sabéis, esta discapacidad psicológica afecta sobre todo a la socialización y comunicación, lo que suele provocar una en ocasiones una importante incapacidad de interacción social y de aislamiento, entre otros síntomas. J-Mac, como también le conocen, no empezó a hablar hasta que cumplió los 5 años y aún hoy en día tiene dificultades para comunicarse, no interpreta el lenguaje corporal y carece de las llamadas habilidades sociales. Pero estas limitaciones las compensa con una tremenda fuerza de voluntad y unas ganas innatas por mejorar.

Jason McElwain nació el 1 de octubre de 1987 en Rochester, un suburbio de la ciudad de Nueva York. Desde muy pequeño mostró una gran pasión por el deporte de la canasta, lo que llevó a enrolarse en el equipo de baloncesto de su instituto. Su compromiso con el equipo era altísimo, llegando puntual a todos los entrenamientos, controlando todas las estadísticas de los partidos, animando a sus compañeros y repartiendo agua en el banquillo. Sin embargo su participación durante los partidos que disputaba el equipo era inexistente, algo que no le desanimaba. Jason seguía siendo el jugador más comprometido con el equipo. Pero algo sucedió el 16 de Febrero de 2006…

Durante el último partido de la temporada regular, el entrenador y como premio al arduo trabajo que había venido realizando durante tanto tiempo, quiso premiarle haciéndole jugar. Empezó en el banquillo, pero a falta de 4 minutos para el final del encuentro, y con una ventaja de 20 puntos a su favor, llegó el momento tan esperado. Enfundado en la camiseta número 52 y con una cinta en el pelo, Jason entró a la cancha ante los aplausos de una grada entregada y llena hasta los topes. A los pocos segundos de debutar, recibió un balón y se jugó un triple que no tocó ni aro. En el siguiente ataque sus compañeros volvieron a asistirle, querían que encestara al menos una canasta antes de que finalice la temporada, pero el tiro tampoco entró.

Lo que ocurrió a partir de ese momento ha quedado como una de las más increíbles hazañas vividas en el deporte amateur y que podría servir sin duda como excelente guión para un película de Hollywood. En la tercera posesión que tenían, recibió el balón y se jugó otro triple desde 7 metros que encestó. La grada se volvió absolutamente loca, estaban felices porque Jason había metido un triple.
Lo que en ese momento nadie sabía era que la exhibición de Jason acababa de comenzar. En la siguiente jugada, volvió a jugarse otro triple… que volvió a anotar. A continuación, y casi sin tiempo para asimilar lo que acaba de suceder, J-Mac volvió a lanzar a canasta desde más allá de la línea de tres y la volvió a clavar. Ya iban 3 triples en menos de un minuto. La gente alucinaba. La grada coreaba su nombre, sus compañeros de equipo y rivales no daban crédito a lo que estaban viendo.

Cuando quedaban menos de 2 minutos para la finalización del encuentro, Jason volvió a recibir un balón en ataque y, cómo no, se la volvió a jugar. El chaval estaba en racha y volvió a anotar. Lo mismo sucedió en la siguiente jugada. Y en la siguiente hasta anotar su sexto triple sobre la bocina que marcaba el fin del encuentro. En apenas 4 minutos había anotado 20 puntos, el récord en la historia del instituto. Ni que decir tiene que al acabar el partido, la grada saltó a la pista para felicitar al héroe del día, que salió del campo a hombros.

Los que aquel día presenciaron el partido en directo jamás lo olvidarán, ese momento se habrá quedado grabado en su cerebro como un increible ejemplo de superación que el deporte de la canasta puede ofrecer. También estoy seguro que las decisiones que tomaron a partir de ese día estuvieron influidas por ese momento, lo vivido se lo llevarán el resto de sus sus vidas.

El baloncesto es mucho más que un deporte. Practicarlo significa también integrar, ayudar, conocer, superarse, asombrar y que te asombren…


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